Vampiros en Rumania

Vampiros en Rumania

Rumania (Transilvania) es mencionada en la ficción, en el cine de vampiros, e incluso es mostrada en imagenes de vampiros misteriosos. Sin duda esta tendencia aparece por la influencia del libro de Bram Stoker, Drácula.

Las creencias tradicionales romaníes incluyen la idea de que el alma de un muerto entra en un mundo similar al nuestro, salvo que ya no existe la muerte.  Las leyendas de Rumania están llena de historias de muertos vivientes, hombres lobos, fantasmas, y vampiros.

La deidad indígena más famosa relacionada con el consumo de sangre es Kali, que tiene colmillos, luce un collar de calaveras y tiene cuatro brazos. Sus templos están cerca de los lugares de cremación. Ella y la diosa Durga combatieron al demonio que Raktabija podía reproducir de cada gota de sangre derramada. Kali la bebió toda sin derramar ninguna gota, la que le llevó a ganar la batalla y vencer a Raktabija. Sara, o la diosa de Negro, es otra representación de Kali cual sobrevivió en la mente de los gitanos.

Vampiros en Rumania

Una forma de vampiro en el folclore romaní recibe el nombre de mullo

Vampiros en Rumania

Un tipo de vampiro de Rumania tiene el nombre de  Mullo. Este vampiro ha vuelto a la vida para hacer cosas maliciosas y  chupar la sangre de una persona (generalmente de un pariente que ha causado su muerte o que no le prestó atención en vida). En su mitología también existe el concepto de las vampiras.

Cualquier persona que tenía un aspecto horrible, le faltaba un dedo, o tenía apéndices similares a los de un animal, se creía que era un vampiro.  Las plantas o los perros, gatos, e incluso herramientas para la agricultura podría convertirse en vampiros. Existen historias de vampiros sobre calabazas, melones y sandías.

Para que el pueblo pudiese deshacerse de un vampiro, tenían que contratar a un  Dhampir (el hijo de un vampiro y su viuda) o un Moroi para detectar el vampiro. Para protegerse de los vampiros, los gitanos llevaron agujas de acero o hierro en el corazón de un cadáver y ponían pedazos de acero en la boca, sobre los ojos, las orejas y entre los dedos en el momento del entierro.  Otras medidas incluían clavar estacas en la tumba, vertir agua hirviendo sobre ella, cortarle la cabeza o quemarlo.

La población rumana en Kosovo creía que los vampiros eran invisibles para la mayoría de la gente. Sin embargo, los vampiros podían ser vistos por sus familiares en circunstancias específicas. Por ejemplo “por un hermano gemelo o su hermana nacida en un sábado, pero debían llevar sus ropas puestas al revés”. Sin lugar a duda, muy extrañas esas creencias.

Gerard Mazzitelli